Cuando se tiene la opción de elegir entre la pintura líquida y el recubrimiento en polvo para dar acabado a piezas de metal, lo más recomendable será optar por el llamado “powder coat”, que supera por mucho a los pigmentos tradicionales. Si le interesa saber por qué, a continuación explicaremos a detalle cómo funciona y las razones por las que los expertos lo prefieren.

¿Cómo se aplica la pintura en polvo?

Su efectividad comienza en el proceso de fabricación. El primer paso es la preparación de la superficie en que habrá de aplicarse la pintura; esto consiste en su limpieza, desengrasado y retiro de cualquier impureza que pueda afectar el revestimiento. Este proceso de asepsia puede llevarse a cabo por medios químicos o mecánicos, pudiendo resultar abrasivo en algunos casos. El propósito de lo anterior es lograr que el polvo se adhiera adecuadamente a la superficie de metal.

De no efectuarse este tratamiento, el pigmento puede corroerse o astillarse. Adicionalmente, para obtener un acabado óptimo, es recomendable eliminar el óxido o los restos de pinturas anteriores. Posteriormente, se deberá realizar el secado del objeto o superficie para aplicar la primera capa de polvo. No importa si esto se hace dejándolo secar de manera natural, o si se emplea un instrumento especial para este fin. Lo que sí es indispensable es permitir que se enfríe y tomar en cuenta que la temperatura ideal variará en función del espesor que se desee tenga el recubrimiento.

Una vez terminada esta preparación es posible a aplicar la primera mano de pintura. En la medida que se aplique a la pieza, el polvo adquiere una carga eléctrica negativa, lo que facilitará una mejor adherencia, uniformidad y durabilidad en el acabado. En seguida, las piezas deberán ser llevadas a un horno en el que las partículas de polvo se “curen”, reorganicen y den su apariencia final a las piezas que en el último paso del procedimiento fueron puestas a enfriar antes de salir a la venta o ser utilizables.

Ventajas de los recubrimientos en polvo 

  • Rendimiento superior al de la pintura tradicional: actualmente este tipo de recubrimiento puede sustituir a las pinturas húmedas en sus aplicaciones en piezas pequeñas, lo mismo que en la industria automotriz, en la de electrodomésticos y en cualquier otra donde se requiera dar acabado a artículos de grandes volúmenes y dimensiones. La pintura en polvo también ofrece una mayor durabilidad y resistencia a todo tipo de daño durante y después de la aplicación, manteniéndose intacta y brillante por largo tiempo en las superficies.
  • Menos costosa: esto debido en parte a que alcanza a cubrir en mayor medida las superficies que la pintura líquida y en parte porque los insumos para producirla y su preparación son más baratos. Así mismo, los costos de mano de obra se reducen al ser más sencilla su aplicación.
  • Más segura para los trabajadores y menos perjudicial para el medio ambiente: en comparación con la pintura líquida, estos recubrimientos producen en menor grado emisiones tóxicas y no son inflamables. En cuanto a los efectos ambientales de su uso, resulta menos dañino al entorno natural al no contener solventes. Además, el resto de los materiales con que se elaboran son catalogados de baja peligrosidad.

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